Claves de su enfoque
- Migración compartida: acuerdos con México y Centroamérica para gestionar los flujos de manera conjunta.
- Defensa de la democracia: respaldo a instituciones y procesos en Brasil, Guatemala y Venezuela.
- Alianzas económicas: impulso a energías limpias, cadenas de suministro e infraestructura para equilibrar la influencia de China.
- Cambio en el tono: un discurso basado en cooperación y respeto.
- Agenda climática: atención a la Amazonía y el Caribe como ejes de sostenibilidad.
- Soft power cultural: programas de becas, intercambios y sociedad civil para reforzar vínculos.
Los autores destacaron los frentes más candentes:
México, pieza clave de Norteamérica
La relación con México se volvió central para la competitividad y la seguridad de EE.UU. El fenómeno migratorio acaparó los titulares, pero lo más relevante fue la integración económica, con el nearshoring como realidad creciente. Biden apostó por fortalecer el T-MEC, atender fricciones sobre energía y agricultura, y gestionar el rol de China en la economía mexicana. Además, priorizó la cooperación en crimen organizado y fentanilo, descartando las acciones militares unilaterales que proponen algunos sectores en Washington.
Migración como reto regional
Biden impulsó la idea de que la migración no es solo problema de origen o destino, sino una responsabilidad compartida. La Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección marcó un avance al fomentar la cooperación regional y la protección de derechos. Aunque la reforma migratoria en EE.UU. sigue bloqueada, Biden buscó soluciones conjuntas que reduzcan los factores de expulsión, con especial atención a la crisis venezolana.
Apagar incendios: Venezuela y Haití
Biden heredó la fallida estrategia de “máxima presión” contra Maduro. Su enfoque fue distinto: usar sanciones como herramienta de negociación y apoyar una oposición cohesionada. El Acuerdo de Barbados fue un punto de inflexión, y Biden, junto con Brasil y Colombia, buscó encaminar a Venezuela hacia elecciones competitivas. En Haití, promovió una misión de seguridad de la ONU liderada por Kenia, con la convicción de que ninguna solución puede imponerse desde afuera, pero sí acompañarse desde la comunidad internacional
El soft power de Biden en América Latina no se limitó a gestos diplomáticos: fue una estrategia para equilibrar intereses, contener crisis y ofrecer cooperación frente a la influencia de China y los desafíos migratorios. La pregunta es... ¿Esta forma de liderazgo fue un rumbo duradero o está visto como un paréntesis al volver a enfoques más duros?
Zúñiga y Zimmerman (2024). En las Américas, el “soft power” de Biden es relevante. (2024, julio 16). Americas Quarterly. https://americasquarterly.org/article/en-las-americas-el-soft-power-de-biden-es-relevante/

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